Maritza Arizala, fundadora de la primera escuela de salsa colombiana en París

Desde que tiene uso de razón, Maritza Arizala vio bailar a sus padres, oriundos de Tumaco, en las fiestas que hacían en su casa. Gracias a esas “rumbas”, aprendió a moverse al ritmo del Pacífico colombiano en compañía de sus cuatro hermanos. Varios años después y con el corazón orgulloso de su ciudad natal, Cali, Arizala se convertiría en una embajadora de Colombia en Francia, el país que la recibió hace 23 años y al cual ama como a su segunda patria. La llaman “la Reina de la Salsa colombiana”.

Por: Carolina Niso

Enamorada de todas las expresiones artísticas, Maritza Arizala descubriría desde muy niña su vocación haciendo marionetas. Exploraría luego la música, un poco de escultura y cerámica, hasta llegar al IPC, el Instituto Popular de Cultura de Cali donde obtendría su diplomado en teatro y allí mismo comenzaría su formación profesional. Luego haría Ciencias de la Educación y Pedagogía Musical para niños en diferentes universidades. Como ella lo afirma con una sonrisa: su vida ha estado dedicada al estudio del arte. 

Por esta razón, llena de empatía y alegría, esta caleña no dudo ni un segundo en la oportunidad que se le presentó en el IPC para continuar sus estudios por un año en el exterior. Ya había ido varias veces a Europa y le gustaba, pero nunca había pensado en vivir allá, a pesar de que la gente le decía que debía estar en Francia. Sin embargo, todavía tenía mucho que hacer en Colombia y no fue sino hasta que sintió la necesidad de avanzar que Maritza empacó maletas con dirección a la Ciudad Luz. 

Al llegar a Francia, lo primero que hizo fue presentar sus exámenes para el ingreso a la universidad y poco a poco se adaptó, a pesar de que fue muy difícil por el idioma, la cultura en sí misma, la gente y el inclemente frío. Aun así, siguió adelante gracias a su familia y los amigos que la apoyaron. Allí vivían su cuñado y sus hermanas, una de ellas, Gina que también es artista y es reconocida en París. 

El compromiso era regresar a Colombia al año siguiente pues en el Instituto la estaban esperando, pero a pesar de que era un cambio radical de vida, decidió renunciar y quedarse para terminar sus estudios. Desde entonces, ya van 23 años. 

Durante todo este tiempo, ha conocido a una gran cantidad de personas, muchos de ellos son artistas como ella, quienes la guardan en el corazón por su increíble carisma y tenacidad. Entre sus grandes amigos está Oscar Sarhan, argentino, artista, gestor cultural y periodista, quien la conoció en la Universidad París 8, y quien siente una profunda admiración por ella. Para él, abrirse paso en un país no hispano-parlante ya es un mérito. Según cuenta, lo más grande que ha logrado Maritza es acercar todo ese bagaje cultural propio y confluirlo entre las culturas colombiana y francesa hasta haber logrado fundar su escuela. 

Oscar, quien regresó a su ciudad natal en Argentina, la describe con mucho cariño. “Maritza Arizala siempre ha tenido una fuerza y un valor por reconocer su cultura y llevarla a los más alto. Nunca olvidó sus raíces y desde allí fue su construcción. Esto es muy importante para un artista porque hay muchos que han tenido que relegar su cultura para salir adelante y Maritza hizo todo lo contrario. Yo le puse el apodo de ‘la reina de la salsa colombiana’ porque en París había otras salsas y otros artistas, pero Maritza con su amor aportaba anécdotas, cultura, siempre ha sido una gran embajadora de su país. Ella tiene un don maravilloso: la empatía con la gente, sonríe e ilumina el espacio y hace que una cultura que es reacia, se rinda a sus pies. Es una mujer empoderada”, cuenta.

Desde hace algunos meses, Maritza se encuentra en Colombia debido a la pandemia, visitando a sus padres y al resto de su familia. Está aprovechando este tiempo para actualizarse, bailar, meditar y recargar energías para su regreso a Francia en mayo. 

CN: Maritza, ¿qué estudió en Francia?

MA: Empecé estudiando francés en La Sorbona como todos los latinos y al año me recibió la Universidad de Paris 8 para hacer mi Maestría en Artes del Espectáculo en Danza. Después duré un año escribiendo la memoria, que es el trabajo de sustentación para poder obtener el título y cuando la terminé con mucho esfuerzo, porque escribir sobre la danza que es lo que uno hace, es otra cosa, para mí fue algo muy grande. Y a pesar de que hubo momentos en los que los profesores me cuestionaban diciendo: ¿si va a ser capaz, siendo extranjera y viniendo de otro sistema educativo? Yo les decía que sí ¡y así fue! Me dieron una mención muy buena. Esa ha sido mi mayor satisfacción.

CN: ¿Por qué decidió crear una escuela de salsa? 

MA: En París me di cuenta que en Francia conocían la salsa cubana o puertorriqueña pero no la de nuestro país y también encontré una diferencia muy grande: la gente bailaba una salsa muy mecánica, le faltaba alma y corazón. Después, cuando comencé a dar clases a través de una asociación, los alumnos me motivaron. Con el tiempo me independicé, y fundé la Academia Maritza Arizala, la primera escuela de salsa colombiana en Francia. 

CN: ¿Hubo antes de usted colombianos que promovieron la salsa de nuestro país de la misma manera?           

MA: Ha habido gente colombiana antes que yo, que han enseñado la salsa colombiana. Muchos amigos, incluso mi hermana, que han hecho también historia, pero ninguno se atrevió a crear una escuela. 

CN: ¿Por qué la salsa colombiana no era tan conocida?

MA: La mayoría de los franceses conocían la salsa de competición, a nivel de show, pero la salsa colombiana tiene algo muy importante, la parte social. Una danza donde se establecen relaciones sociales fundamentalmente. Una cosa es divertirse con familia, amigos o en una discoteca, otra es hacer un show. Están los niveles: debutantes, intermedio, avanzado y el que quiera ir más lejos a nivel de la escena o quiera convertirse en profesor de salsa, también puede venir a mi academia. 

CN: ¿Qué motiva a los estudiantes para ir a su escuela? 

MA: Buscan alegría. La gente, por lo general, busca un momento de relax, pasarla bueno. Y hay otros que buscan un nivel más técnico, que son los bailarines que quieren convertirse en profesionales. La mayoría es para salsa social, muchos con deseo de bailar en América Latina en sus viajes. Es una salsa simple, pero hay que sentirla, ponerle corazón, espíritu y alma. Mirar al parejo, sentir a la persona, la música que habla de nuestra vida, de lo que pasa, de los problemas, también habla del amor romántico, a veces demasiado. Lo que quiero es que mi estudiantes franceses o latinos bailen con ese espíritu, que el ritmo les corra por las venas. 

CN: ¿Qué significa ser profesor de salsa y cómo es la relación con el alumno? 

MA: En mi caso, cuando doy mi curso, estoy en mi Colombia. Pongo la música, como Niche o Guayacán y me transporta. Logro expresar esa alegría de sentirme allá y recuerdo colores, el sol, muchas cosas. El otro día puse una cancioncita vieja “Las caleñas son como las flores” y me dio nostalgia. Estoy con personas que admiran lo que hago. Siempre estoy ligada a mi país, aunque no todo sea de color rosa.

CN: ¿Cuándo comenzó a representar a Colombia en los festivales de baile en Francia? 

MA: A medida que me iban conociendo, me empezaron a invitar a festivales para representar a mi país. Siempre he tenido una buena relación con el Consulado y la Embajada. En 2017 el Cónsul, Claudio Galán nos acompañó al Festival Tropical en los Campos Elíseos e hizo todo para que nos llegaran los vestidos a tiempo. Y ese mismo año de Colombia en Francia, Ana Piedad Jaramillo, Encargada Cultural de la Embajada, me ayudó muchísimo. Ella fue la que me recomendó. 

Representando a Colombia en el Festival Tropical de Paris 2017

CN: ¿Cuál ha sido uno de los momentos de mayor satisfacción en su trabajo? 

MA: Hay dos momentos que me han emocionado mucho. En el 2016 cuando el Señor François Hollande era Presidente de Francia, me mandaron una invitación con mi nombre al Palacio del Elysee con motivo de la celebración de la semana de América Latina. Era una invitación a las personas y representantes que trabajan con la cultura latinoamericana y de las Antillas. Fue increíble estar ahí. Era como un sueño: Hollande llegó muy simple, hablamos un momento, le dije lo que hacía y fue muy chévere ver ese palacio, ese lugar, la sala de invitados. También, en la inauguración del año Colombia-Francia 2017 tuve la oportunidad de conocer al Presidente Juan Manuel Santos y al Presidente Emanuelle Macrón en la Filarmónica de París. 

CN: ¿Cuando se hace ciudadana francesa?

Yo adquirí mi nacionalidad con mi trabajo, después de trabajar como independiente, me demoré 3 o 4 años. 

CN: ¿Cuál es la clave del éxito o que se necesita para sacar adelante un proyecto como el suyo?

MA: Disciplina, perseverancia y fe. Soy perseverante y luchadora a morir y agradezco a mi familia por ese aprendizaje. 

CN: ¿Cómo ha afectado la pandemia su actividad profesional? 

MA: Ha sido un año muy duro para el arte, la cultura y nosotros sus representantes. En mi caso, he aprendido a dar clases online y las pocas que se hicieron presenciales han sido con muchas restricciones. Los festivales han sido cancelados. Y económicamente no ha sido fácil. 

CN: ¿Cree que esto pasará pronto? 

MA: A veces me levanto con ilusiones y otras me levanto angustiada o no duermo. Hablo con mis amigos en Francia y aquí. Me he cuestionado mucho. Me duele la situación de los artistas en este momento. Hay que protegerlos. Cali está llena de bailarines que dejan a Colombia en alto, pero no les ayudan. Trato de colaborar como puedo. A diferencia de los intermitentes del espectáculo que estaban ganando y debían completar 507 horas de trabajo, el Gobierno les ayuda con lo que ganaban antes. Hay artistas que debido a la situación están considerando cambiar de profesión.  El Gobierno francés, por ejemplo, pide que uno haga una formación si se quedó sin empleo para reinventarse. En Francia hay más apoyo, más protección y más reconocimiento.

CN: ¿Han reconocido su trabajo en Francia?

MA: Si, tengo dos historias muy bonitas. Una estudiante mía de 13 años le habló a su mamá de mí y ella quien es una profesora francesa e invitaba a veces pintores y escultores al aula, me propuso que le diera cursos de salsa a sus alumnos en su clase de español como una manera didáctica de aprender el idioma. Este proyecto lo montamos juntas y tuvimos tanto éxito que nos invitaron a un canal de televisión francés. Luego el ministerio incluiría en el pensum escolar ver una parte de América Latina. También fui invitada una temporada al programa de televisión Danser avec les Stars (Baila con las estrellas) de la cadena France TF1 para entrenar a los participantes.

CN: ¿Cómo ha sido este tiempo en Colombia? 

MA: Mis padres me ven dando mis clases de baile online y se ponen a bailar conmigo. Ellos están redescubriéndome. Estoy segura que regresaré definitivamente a Colombia en un tiempo. 

CN: ¿Qué va a hacer cuando regrese a Francia? 

MA: Continuar mis clases online porque no me veo en otra cosa. Pero sÍ creo que la situación es muy dura para recomenzar eventos o festivales en un corto plazo. Eventualmente, espero que las condiciones sean diferentes y siento que tengo la energía para comenzar de nuevo. Tengo un compromiso muy grande con las nuevas generaciones y quiero decirles que luchen por sus objetivos, por sus sueños y metas, pero que respeten siempre la cultura del país que los acoja. Todos los que estamos aquí sÍ hemos logrado algo, ha sido gracias a la fe. Tenemos que unirnos como latinoamericanos, a pesar de que cueste lágrimas o dolor, porque al final hay mucha felicidad. 

Maritza Arizala, a quién su madre recuerda entre risas que la llamaban “la come pan”, porque cada vez que iba a la panadería que tenía su familia, se comía todo lo que podía, anda para todas partes con el Sagrado Corazón de Jesús que heredó de su tía y que a la vez era de su abuela quién era profesora en Tumaco y era su madrina, una mujer muy adelantada para su época. Ella ha sido su gran ejemplo a seguir y tal vez en su honor, Maritza es bailarina, profesora, enamorada del arte y la cultura y seguirá siendo una gran embajadora de Colombia en Francia. 

Artículo publicado en El Espectador 5 de mayo de 2021

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