El biógrafo que desmitificó a Edith Piaf

Robert Belleret sorprendió a toda Francia al publicar una biografía que desmitificó a uno de sus grandes íconos nacionales: Edith Piaf. A partir de una cuidadosa investigación documental, este periodista empírico y exreportero y del diario Le Monde que recorrió Uganda, Pakistán e Iraq, logró demostrar que la grandeza de la cantante no solo se debía a su talento musical, sino también a su inteligencia, porque fue capaz de crear una historia propia. A sus 70 años, Belleret es un detective de vidas, un biógrafo que ha logrado desentrañar la historia grandes personajes para la vida cultural de Francia.

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Por: Carolina Niso

Robert Belleret se ha dedicado a observar de forma minuciosa, detallada y perfeccionista las vidas de grandes íconos populares de Francia, como la cantante Edith Piaf. Después de trabajar 38 años como periodista, él decidió convertirse en biógrafo por la fascinación que sentía de niño cuando leía las novelas policiacas de George Simenon y su personaje favorito, el inspector Maigret.

De ojos azules profundos, este antiguo gran reportero del diario Le Monde, cubrió desde la música y el cine, hasta crímenes y escándalos políticos y económicos. Su vida de corresponsal lo llevó a Iraq para cubrir la caída de Saddam Hussein, a Pakistán para informar sobre un terremoto que devastó a Islamabad, donde pasó tres días en medio del caos, y a Madrid para asistir a las elecciones presidenciales del 2004, que ocurrieron justo después de los atentados del 11-M, cuando varias bombas explotaron en el sistema de trenes de la capital de España. Allí, en medio de una manifestación de miles y miles de personas bajo una lluvia incesante, estuvo presente cuando en medio de los gritos de “¡Basta ya” ganó las elecciones José Luis Rodríguez Zapatero.

Ama hacer perfiles biográficos y descubrir los personajes. Entre los perfiles que hizo para Le Monde, se cuentan personalidades tan reconocidas como el actor Fabrice Luchini, la ex candidata presidencial Ségolène Royal, el chef Paul Bocuse y el gran diseñador de modas Karl Lagerfeld, entre otros.

Como es un apasionado de la música, después de retirarse del periodismo Belleret se ha dedicado a escribir biografías de grandes artistas franceses. En 2013 publicó el libro Piaf: un mythe francaise. Sin pensarlo reveló cada detalle de la vida íntima y artística de Edith Piaf y se dio cuenta que su grandeza no solo se debía a su talento sino también a su gran inteligencia. En el libro, Belleret reconstituye la globalidad de la vida y la carrera de la cantante para darle un verdadero lugar, tanto en la cumbre de su carrera como en los precipicios, pasiones, sufrimientos, hospitalizaciones y triunfos. Su vida es un libro, negro, cómico, aterrador y palpitante, a la vez sórdido y suntuoso. A partir de elementos nuevos, pistas, testimonios, documentos raros y archivos inéditos, el autor hizo una apuesta: que una vez libre de las leyendas que lo rodean, el mito Piaf es la encarnación de un genio francés que está más grande y vivo que nunca.

El ruiseñor de París era “una mujer inmensa en un cuerpo muy pequeño” y a pesar de haber aprendido a leer y a escribir tarde, alcanzó a registrar más de 80 canciones bajo su autoría e incluso llegó a cantarles a los soldados presos durante la segunda Guerra Mundial. Belleret logró no solo revelar sus secretos, sino que creó un libro álbum titulado Edith Piaf: Vivre pour chantier con todas las pruebas y entrevistas recopiladas en los archivos nacionales para conmemorar el centenario del nacimiento de la cantante.

Además, Belleret es autor de tres autobiografías en las que ha narrado su vida. La primera logra meterse en la piel del niño que descubre el mundo; la segunda, narra sus años de juventud, cuando enamorado de la literatura, la música y el cine, creó un cineclub mientras hacía su servicio militar obligatorio y se fue a descubrir el mundo gracias a uno de sus primeros trabajos, sellando tiquetes aéreos para una aerolínea; finalmente, la tercera narra su vida como periodista.

Una de las grandes cualidades de este biógrafo, periodista y aventurero, es que él no solo se queda en la historia de un libro, siempre va más allá: a todas las personas que ha admirado, ha hecho todo para conocerlas. Y a pesar de que no conoció al ruiseñor de París, la conexión con ella siempre ha estado presente en su vida. Belleret nació el mismo año que Edith Piaf grabó su canción emblema “La vie en rose”. Su fascinación por ella y su música lo llevó a descubrir su vida y obra, y el próximo año publicará la vida de Charles Aznavour, el artista vivo francés más importante en este momento, quien, entre otras cosas, compuso algunas canciones para Piaf.

¿Qué representó para usted la biografía de Edith Piaf?

Yo sabía lo mismo que muchas personas, pero cuando empecé a investigar fui a los archivos nacionales y poco a poco me fue encantando su vida y su genialidad. Tanto que hoy les agradezco a quienes me pidieron hacer la biografía por haber descubierto a esta mujer tan inmensa en un cuerpo tan pequeño. Todos los días descubría cosas increíbles. Me compraba un chocolate y me iba a un café y leía y leía y me divertía armando el rompecabezas de la historia. Su vida es una novela, una leyenda, llena de historias que se han transmitido como verdaderas siendo falsas. La película sobre su vida tiene muchos elementos que logran una buena trama pero que en realidad no fueron verificados: por ejemplo, dicen que nació en unas condiciones miserables, en unas escaleras, en plena calle, en Belleville; pero yo comprobé en gracias a su certificado de nacimiento que nació en un hospital. Mi objetivo no fue desmitificarla sino investigar e ir más allá.

¿Cuánto tiempo se demoró en la investigación?

Pasé un año y medio investigando y encontré cosas inéditas en los archivos nacionales. Me desplacé por varios lugares, leí 40 libros sobre ella y de ellos solo 4 eran serios. Analicé la letra de sus canciones, verifiqué aspectos que eran leyenda. Y para mí el aspecto mas fascinante, es que ella era un paradigma total, es decir, una inmensa artista en el cuerpo de mujer pequeña, era de una energía increíble y su estado de salud era deplorable. Venía de una clase pobre, pero no era miserable: su familia tenía un domicilio.

¿Qué otros aspectos de su vida descubrió?

Muchísimas cosas. Por ejemplo encontré un telegrama donde el actor Yves Montand, uno de sus amores, le decía a Edith Piaf que la dejaba porque ella era muy mayor para él, pero él decía en público que ella lo había dejado y él se había demorado tres años en recuperarse. ¡En realidad era él quien quería terminar la relación! O lo que mas me sorprendió, la correspondencia que ella sostuvo durante años con su amigo, profesor y confidente, Jacques Bourgeat, a quien ella llamaba cariñosamente “mi Jacquot” y él la llamaba “mi Piafou”. La primera carta que ella le escribió a la mano, sin puntuación y mala ortografía de doce páginas produce risa por su escritura fonética. Después, su progreso es prodigioso tanto así que llegaría a escribir canciones como La vie en Rose. Fue una gran descubridora de talentos y manipuló su imagen aun después de su muerte. Supo aprovechar su fama y dejó que muchos creyeran lo que se decía sobre ella. Falleció en Plascassier a los 47 años de edad por causa de cáncer hepático y le pidió a su último esposo Theo Sarapo que condujera su cuerpo en secreto de vuelta a París para hacer creer a todo el mundo que había muerto en su ciudad natal.

¿Cuál fue la importancia de crearse como mito?
Que a pesar de todas estas leyendas, ella es y seguirá siendo la primera gran cantante del Music Hall francés. Es un ícono musical muy importante.

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Su próxima biografía será también sobre una figura importante de la música francesa, Charles Aznavour…

Sí, sale a principios de 2017. Aznavour ha vivido el doble que Piaf pero pienso que su mejor época fueron los primeros 30 años de su carrera. Él es el artista francés vivo más grande del momento. Una de las canciones que compuso para Edith Piaf fue “Plus bleu que tes yeux”. Él aprendió la escena con Edith Piaf, pero ella jamás creyó en el talento de Aznavour. Sería después de la muerte del ruiseñor de París, que él llegaría a la cima del éxito. Yo nunca vi a Piaf en escena, pero si a Aznavour.

 Sus otros libros son autobiografías. La primera lleva como el título el nombre del pueblo donde nació.

Cuando estaba pequeño no me hacía muchas preguntas pero con el tiempo veo que fue una suerte haber nacido en un pueblito donde había esperanza y optimismo. En Bécon les Bruyères todo el mundo conocía la vida de todo el mundo. Mi familia era pobre y vivíamos seis personas en dos piezas de 50 metros cuadrados. Mi hermana mayor y mis hermanas mellizas estaban en un cuarto, y mis padres y yo, el más pequeño de la casa, dormíamos en la misma habitación que era a la vez sala comedor. En el mismo edificio vivíamos todo tipo de personas. Al frente de mi casa vivía un joven que luego fue Ministro. Al lado un obrero comunista, una familia católica llena de hijos, la portera y hasta las prostitutas eran vecinas. Tuve una infancia muy feliz.

¿Usted era muy cercano a sus padres?

Si, mi mamá hacía de todo para ganar un poco de dinero, cosía, cocinaba, llevaba las cuentas de la casa y mi padre era obrero en metalurgia pero amaba los libros. Lo adoraba, tenía una personalidad y una originalidad increíble, era tímido, acomplejado, no era como los otros obreros que al salir del trabajo se iban a beber a un bar. El no bebía, tenía un humor extraordinario.

¿La música ha hecho siempre parte de su vida?

Si, mi papá cantaba las canciones que conocía de memoria de la época anterior a la guerra. Luego, gracias a mi hermana mayor fui por primera vez a un Music Hall a ver a Luis Mariano, un tenor vasco español de gran popularidad en ese momento. Y cuando mi mamá empezó a trabajar en una disquera, le regalaban boletas para ir a conciertos.

¿Cuando era niño soñaba con ser escritor o biógrafo?

Yo soñaba con ser torero pero hoy detesto las corridas. Me fascinaba el espectáculo y el cine. Luego quise ser comisario de policía por Jules Maigret, el personaje de las novelas policiacas de Georges Simenon. Creo que la técnica de investigación de este personaje, ha influido mucho mi trabajo como biógrafo pues es como realizar una investigación policial. Otro de mis sueños era viajar. Y finalmente decidí ser periodista.

¿Cómo se le ocurrió la idea de crear un cineclub durante su servicio militar?

Fue a finales de los sesenta. En esa época el servicio militar era obligatorio y a mi gran amigo Jean Pierre Bouteillier y a mí, que somos anti armas, nos tocó irnos. Por un momento pensamos que nos enviarían a un lugar exótico y lejano, pero nos mandaron a la Selva Negra en Alemania. Era hermoso y lleno de nieve hasta abril pero el servicio militar era horrible. Tal vez, por eso decidí crear el cineclub, para distraernos. No siempre podíamos escoger las películas, pero en general eran buenas, como de cine italiano. Luego, gracias a la acogida, nos permitieron hacer el cineclub una vez a la semana en una verdadera sala de cine. Al principio me daba pánico hablar en público, luego fue fácil.

Usted no fue a la universidad. ¿Cómo llegó al periodismo?

Yo no llegué al periodismo por azar. Amaba escribir y le había dicho a mi hermana que eso era lo que deseaba hacer, por eso mi cuñado, que también es periodista, habló con el director del diario Le Progrès de Lyon y le mostró mi estilo. Envié una carta sin saber si me llamarían o no, y rápidamente mi hermana me dijo que tenía una cita con el director del periódico.

 ¿Entonces usted comenzó su labor periodística en Lyon?

Si, llegué a finales de marzo, no estaba bien abrigado y el frío era intenso. Me fui en autostop hasta Lyon. Mi cuñado me prestó una corbata. El director me dijo: “Usted tiene una elegancia de peinado que no es de mi estilo, comienza mañana”. Entonces comencé a cubrir los hechos de actualidad: los incendios, los crímenes, todo lo que usted se puede imaginar. En dos meses yo conocía la ciudad mejor que nadie. Los periodistas escuchábamos la radio y a veces llegábamos antes que la policía. Lyon en esa época era como Chicago en el tiempo de los gánsteres. Yo no me guiaba completamente por la fuente oficial, me gustaba hablar con la comunidad y buscar testimonios.

¿Cuándo comenzó a escribir para el diario Le monde?

Trabajé muchos años en el diario Le Progrès y luego comencé en la versión regional de Le Monde en Lyon, donde me especialicé en perfiles de personajes como Paul Bocuse, el gran chef francés. Tiempo después me trasladaron a París y fue cuando empecé la reportería de grandes sucesos.

¿Cómo describiría sus experiencias como corresponsal?

Es realmente lo que mas he amado: lo imprevisto. No me gusta saber que va a pasar. Prefiero que la vida me sorprenda. No me gusta ni siquiera escribir en una agenda. Me encantaba que me dijeran: Robert tienes que montarte en un avión a las 2:30 de la tarde y yo estaba siempre listo. Gracias también a mi esposa que me lo permitió.

¿Dónde fue su primer viaje como reportero de Le Monde?

Mi primer viaje fue a Uganda y apenas sabía donde quedaba en el mapa. Es una historia de la cual quisiera escribir un libro, pero no hay un editor que lo quiera publicar. La historia era sobre una secta que había quemado a mas de 200 personas vivas en una iglesia. Como no había equipo de fotógrafos, yo me iba solo y el periódico compraba las imágenes. Tenía un conductor para transportarme y cuando llegué vi noventa cuerpos. Era una aventura con un estrés terrible. Yo había estado en África y las condiciones son siempre difíciles, pero uno no se percata de la pobreza hasta que la vive. En Uganda pasé tres días. Eso sucedió en el 2000 y para mandar la información era a la antigua, no había celular, ni computadora, ni teléfono satélite y me tocó escribir todo a mano y encontrar un teléfono que funcionara para dictar el texto.

Usted pasó el peor susto de su vida en el Congo. ¿Qué le sucedió?

El peor susto de mi vida lo pasé en Kinshasa, Congo, cuando fui al funeral del Presidente Laurent-Désiré Kabila que había sido asesinado. Ese día muchos países africanos habían enviado sus ejércitos. Cuando volví al hotel, decidí salir porque quería ver el río Congo, que inspiró la película Apocalypse Now de Coppola. En el camino me pararon unos hombres y yo creí que eran policías, me pidieron mis papeles y yo mostré el pasaporte. Llamaron a otras personas como si estuvieran llamando a una patrulla, pero en realidad eran sus cómplices. Me montaron en un auto y comenzaron a conducir hasta que llegamos a un lugar, me pidieron dinero y yo solo les di lo que tenía en un bolsillo. De repente, otro grupo de hombres intentaron atacar el auto con piedras, entonces me dijeron que me bajara y yo preferí seguir en el auto, dieron una media vuelta a la carrera y al final me dejaron cerca del hotel. No eran malos, solo delincuentes comunes, hasta me devolvieron parte del dinero que me habían robado.

¿Y qué sintió cuando lo enviaron a Siria e Irak?

Yo tengo grandes amigos periodistas en otros medios de prensa extranjera y he compartido con ellos buenos momentos aun en medio de la adversidad. Mi viaje de quince días entre Damasco y Palmira para ver como estaba la situación en comparación con la de Bagdad, me marcó. Y luego me mandaron a Iraq, justo cuando los americanos acababan de tomar el control. Para llegar tuve que tomar un taxi de Damasco a Amán, en Jordania, y de ahí atravesar el desierto hasta llegar a Bagdad. Ese recorrido lo hice con dos periodistas franceses que fueron secuestrados, Christian Chesnot y Georges Malbrunot, y liberados 124 días después. Yo no estaba con ellos en ese momento, pero me siento afortunado de estar vivo.

También, por muchos años, usted escribió sobre política. ¿Cómo conoció a Ségolène Royal?

Hace mucho tiempo me pidieron que hiciera un perfil sobre Sególène Royal. No la conocía y la seguí por dos días en los que hizo una gira por su región. Yo vi su manera de ser con la gente y en ese momento escribí al final de mi artículo que podría convertirse en candidata a la presidencia. Todo el mundo se rio, porque en esa época no era imaginable. A ella le encantó el perfil que yo escribí y tiempo después me llamó para que trabajara con ella en su campaña presidencial, pero no acepté porque para mí es inaudito que un periodista político pase su tiempo con políticos.

¿Cree que Francia algún día tendrá una mujer Presidente?

Yo espero que sí y que me toque verlo a mí.

¿Cuándo decidió convertirse en biógrafo?

En realidad fue a partir de Leo Ferré, autor, compositor y poeta francés, que me apasioné por redescubrir la vida de artistas que han marcado a Francia. El día que yo lo vi en escena por primera vez, cantando los poemas de Louis de Aragon, sentí el deseo de conocerlo. Muchos años después, en Lyon, yo no tenía ni las mas mínima oportunidad de escribir algo sobre él, pero recibí una llamada de Le Monde para escribir un artículo sobre Ferré. Pasé la noche en un estado de emoción y escribí 12 páginas. Quería contar su vida. Mucha gente me felicitó y me llamó el jefe de la redacción y me dijo: tu artículo fue el evento del verano. Tú debes escribir un libro.

 ¿Fue fácil publicar esa primera biografía?

No. Cuando terminé el libro lo envié a una editorial reconocida y la editora me dijo que me iban a publicar. Al día siguiente me llamó y me dijo que no sabía como decirme, pero que mi libro había sido bloqueado y no podía publicarlo con ellos. En ese momento yo cubría una noticia de un conflicto político-financiero y por muchos años denuncié temas delicados en Francia. Creo que me pasaron la factura de cobro y nunca supe quien fue. Finalmente conseguí que una editorial se interesara y me publicara el libro de 500 páginas, que se vendió fácilmente.

Una de sus características como biógrafo es que usted tiene tanto material de cada personaje que siempre saca algo mas …

Sí. Yo puedo decir que conozco a Leo Ferré, Jean Ferrat y Edith Piaf como nadie los conoce. Empecé escribiendo el libro de Ferré por placer, pero cuanto más escribía, más me apasionaba cada detalle. Cada canción contaba algo de su vida y cada testimonio de un amigo suyo era también la historia de gente increíble. Pasé años investigando, todo esto en paralelo a mi trabajo de Le Monde.

¿Qué disfruta mas, ser periodista o biógrafo?

Cómo biógrafo disfruto mas escribir, pues como periodista, siempre sufrí al escribir mis artículos en medio de la presión que existe al ser corresponsal. Soy muy perfeccionista y para mi cada palabra cuenta. Cuando escribía para Le Monde a veces ni dormía, aunque amaba lo que hacía. El trabajo de un biógrafo es como el de un detective que debe descubrir todo con pistas y pruebas sin ocultar nada. Yo amo eso. Todos los personajes públicos maquillan un poco su vida y es al hacer las biografías que uno descubre ciertas inconsistencias entre la realidad y lo que se ha dicho sobre ellos. Creo que ser biógrafo me llevó a la conclusión de que me hubiera encantado ser historiador y pasar los días enteros leyendo archivos.

¿Cuáles son las características que debe tener un periodista para ejercer bien su profesión?

La clave es la diversidad y estar dispuesto a vivir lo imprevisto, que sea independiente, de preferencia que sepa escribir y ojalá que ame la literatura. Para mí ser periodista es el mejor oficio del mundo. Tengo la impresión de haber vivido 10 vidas en una, me siento afortunado de haber conocido todo, desde lo más duro y el mundo más bajo, hasta haber visitado palacios. En 38 años jamás escribí una línea en contra de mi conciencia. No escribí todo lo que hubiera querido escribir, pero tampoco escribí lo que no quería publicar. Ese es mi mayor orgullo.

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Reportaje Publicado en la Revista BOCAS El Tiempo en la edición #58 / Noviembre 2016

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